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Imaginamos el  futuro

Desde enfrentarse a padres agresivos hasta comprender la psicología de las artes, cuatro educadores hablan de nutrir, medir y respetar la creatividad de los alumnos…
y de las posibilidades que ofrecen los programas del IB

 

Imaginamos el futuro

 

Habilidades para siempre

 

Chris Beddows, Docente, International School of Como (ISC), Italia

 

“¿Y si me equivoco?”. Esta es una pregunta frecuente entre los alumnos cuando se enfrentan a una tarea creativa. Le temen a lo desconocido, no quieren hacer algo diferente de los demás, y al final todos los trabajos terminados acaban siendo iguales. Desde que empecé a enseñar, sentí el desafío de seguir siendo creativo, convencido de que la creatividad ayuda a correr riesgos. Un niño que corre riesgos es un niño más motivado y entusiasta; está dispuesto a experimentar con su pensamiento y discutir ideas, y no tiene miedo de cometer errores.

Una forma excelente de incorporar la creatividad es mediante la planificación cooperativa. En el ISC, grupos pequeños de docentes se reúnen con frecuencia para analizar unidades y actividades futuras para el aula. Esto nos permite pensar en formas creativas de estimular y orientar la indagación.

El primer día de clases del año pasado, empezamos una unidad de indagación llamada “Decisiones, decisiones” (quiénes somos). La primera tarea consistía en decidir cómo querían sentarse y ordenar los muebles del aula. Esa actividad creativa me dio una gran oportunidad para ver cómo se ocupaban de las tareas y se comunicaban con sus compañeros.

El uso de la tecnología es algo clave para la creatividad en el aula. Una pizarra interactiva es una buena herramienta, que permite lecciones inspiradoras y puntos de partida estimulantes.

Uno de los objetivos del IB es desarrollar una actitud de apren-di-zaje para toda la vida. Cuanto más creativas sean las actividades y cuanto más creativos permitamos que sean los alumnos, sean cuales fueren sus experiencias de aprendizaje en el futuro, estas habilidades seguirán con ellos, podrán alcanzar el éxito, ser creativos y marcar una diferencia en el mundo.

El sutil diseño del PEP

 

Abhimanyu Das Gupta Coordinador del PEP, Pathways World School, Aravali, Gurgaon, India

 

 

El psicólogo evolutivo Jean Piaget escribió: “El principal objetivo de la educación es crear personas capaces de hacer cosas nuevas, no de limitarse a repetir lo que otras generaciones han hecho; personas creativas, inventivas y descubridoras”.

La creatividad es clave en el programa del PEP. Los diferentes elementos del PEP juntos se prestan a ayudar a desarrollar la creatividad. Su naturaleza transdisciplinaria implica que los alumnos pueden usar las artes y la tecnología en sus indagaciones, aprender de manera más holística y presentar sus hallazgos de forma creativa y atractiva. Los docentes pueden capacitar a sus alumnos para que prueben nuevas formas de expresión.

En una unidad de 5.º año sobre cómo los seres humanos pueden usar la tecnología para expresarse, mis alumnos hicie-ron presentaciones con Windows Movie Maker, Photoshop y PowerPoint, entre otros programas, y algunos incluso probaron el Glogster para crear sus propios blogs. En otra unidad, de 4.º año, los alumnos crearon un modelo 3D para representar un ecosistema y en cada modelo no solo se podía ver su comprensión, sino tam-bién sus habilidades artísticas.

El contenido y los métodos de comunicación del PEP se adaptan a las aptitudes cogni-tivas y creativas de los alumnos. Eso los ayuda a salirse de los convencionalismos y desarrollar aptitudes para resolver proble-mas y encontrar nuevas ideas.

El perfil de la comunidad de aprendizaje del IB también los hace creativos. A través de sus atributos, busca abordar las cualidades que contribuyen a hacer “niños integrales”: niños que no tengan miedo de correr riesgos, que estén abiertos a las nuevas ideas, que estén pensando e indagando constantemente, que tomen decisiones correctas y se preocupen por el mundo y por la gente. Al impregnarse de estas cualidades, nuestros alumnos serán capaces de crear nuevas reglas, nuevas políticas, nuevas estructuras sociales, nuevos diseños y, finalmente, una nueva forma de ver el mundo, con una inteligencia más amplia en su perspectiva, más considerada en su humanidad, y más real ante un mundo en constante cambio.

 

Una cultura creative

 

Angela Riggs, Directora asistente de primaria y coordinadora del PEP, ACS Egham International School, Reino Unido

La mayoría de los niños son sumamente creativos y son expertos en el uso de la imaginación. ¿Por qué, entonces, tantos de noso-tros sentimos que no somos creativos cuando llegamos a la ma-du-rez? ¿Qué nos hace sentir que hemos dejado de ser creativos?

En su libro Out of Our Minds: Learning to be Creative, (Fuera de nuestras mentes: Aprendiendo a ser creativos) Ken Robinson dice que muchos adultos creen erróneamente que no son creativos. Robinson está convencido de que el problema se origina en nuestros colegios y universidades, de donde muchos salen “sin tener idea de cuáles son sus aptitudes creativas”.

Hay una aceptación creciente de que la creatividad no consiste solo en tener ideas, sino también en buscar solucio-nes para los problemas cotidianos; es una forma de pensar en la que miramos las cosas con ojos nuevos y exploramos nuevas posibilidades.

La creatividad es un componente esencial del crecimiento eco-nó-mico, y los empleadores buscan mejorar continuamente. El desafío consiste en alimentar y desarrollar la creatividad natural, y asegurarse de no reprimirla. Las escuelas tienden a poner a los niños en una especie de cinta transportadora en la que “el sistema” se asegura de que avancen por sendas prescritas.

La clave del respaldo a la creatividad consiste en dar tiempo a los alumnos para que piensen, ya sea solos o con otros. Los docentes del ACS Egham se esfuerzan por crear una cultura en la que no hay una respuesta correcta para todo. Tratamos de ofrecerles un entorno en el que sientan que pueden correr riesgos y aprender de sus errores. Valoramos todo tipo de pensamiento y no rechazamos las ideas de nadie. La creatividad es una habilidad que, aunque es innata, puede mejorarse con una buena educación.

Domesticar al tigre

 

Timothy Walters, Profesor asistente de Gestión, The University of Cambodia, y director de TrainCambodia.org

En enero de 2011, Amy Chua, profesora de Derecho de la Universidad de Yale, publicó Battle Hymn of the Tiger Mother (Himno de batalla de la madre tigre), un libro que desencadenó un gran debate dentro y fuera de los círculos educativos. Sin embargo, pocos comentaristas se centraron en las implicaciones del enfoque de Chua sobre la creatividad escolar.

Chua aboga por un modelo educativo “chino” riguroso; ese enfoque se opone a un modelo “occidental” de alumnos desmotivados, incapaces de alcanzar el máximo de su potencial. Las “madres tigres” chinas se centran en los resultados académicos, mientras que los padres “occidentales” debilitan a sus hijos con elogios bienintencionados y actividades difusas. Los límites definidos y las expectativas claramente comunicadas son importantes, y hay mucho de elogiable en el ejemplo de Chua de una educación comprometida y apasionada.

Sin embargo, el problema fatal en el centro de su argumento es la estrechez de su comprensión del éxito educativo y la consecuente marginalización de la creatividad.

La madre tigre Chua compara entusiastamente el desempeño académico de sus hijas con el de sus compañeros. Cualquier docente que haya tenido un grupo de padres competitivos de este tipo recordará la preocupación constante por las calificaciones. En su búsqueda del predominio, los “padres tigres” limitan el enfoque de sus hijos a un conjunto pequeño de objetivos. En el proceso, reducen las experiencias del aula
a un juego de suma cero de ganadores y perdedores.

El problema central de medir el éxito estudiantil en los términos más obvios y cuantificables es que muchas posibilidades de aprendizaje quedan excluidas. Los resultados no previstos que con frecuencia definen nuestras experiencias de aprendizaje más duraderas se ignoran o pierden por completo.

 Los “docentes tigres” se niegan a transigir en la idea de que los logros de todos los alumnos tienen la misma importancia. Saben que un enfoque que condene a la mayoría al fracaso no puede conciliarse con un enfoque holístico y creativo del desarrollo infantil. Sostener estos valores no es negar que todos los sistemas son competitivos, pero los docentes tigres reconocen que el pensamiento crítico es esencial y creativo. Si se lo permitimos, nuestros alumnos desarrollarán y expresarán su creatividad en formas que ni siquiera hemos soñado.